Con el verano ya instalado en nuestra geografía y las altas temperaturas amenazando nuestros termómetros se vuelve imprescindible tomar conciencia de la importancia de una adecuada alimentación que prepare nuestro cuerpo para soportar el calor reduciendo al máximo riesgos como la deshidratación o los golpes de calor.

La prioridad, la hidratación

Sin lugar a dudas el agua y los líquidos deben ocupar un espacio destacado, ya que con las altas temperaturas estamos expuestos a un mayor riesgo de deshidratación, pero además tendremos en cuenta que las frutas y verduras, que debido a su alto contenido en agua se van a convertir en nuestras mejores aliadas.
Aunque todas las frutas y verduras van a aportarnos agua, merece la pena destacar la sandía y melón, con un 92% y un 90% de agua cada una, que son las indiscutibles reinas del verano. Comerlas como postre o entre horas nos ayudará a mantener unos niveles de hidratación adecuados. En cuanto a las verduras, la lechuga, el tomate y el pepino, tan habituales en nuestra dieta, contienen en torno a un 95% de agua. No deben faltar en nuestra cesta de la compra de verano, ya sea para preparar un gazpacho o una sencilla ensalada.

Alimentos que te sorprenderán

Además de los alimentos con gran poder hidratante no podemos perder de vista otros que por sus diferentes cualidades nos ayudarán a sobrellevar el calor… y estamos seguros de que algunos de ellos van a sorprenderte:

  • Frutos rojos: las fresas las moras y las frambuesas entre sus muchas propiedades cuentan con un gran poder antiinflamatorio, reducen la presión arterial y son vasodilatadoras. Todo esto ayuda a nuestro organismo a reducir su temperatura y combatir el calor.
  • Bebidas calientes: Consumirlas nos ayudará a reducir el contraste entre nuestra temperatura corporal y el exterior. Esta costumbre, propia de culturas como la bereber que se sitúa en zonas desérticas, deja a un lado las bebidas frías, que por el contrario aumentarían ese contraste de temperaturas, y opta por tés e infusiones. La reacción de nuestro cuerpo ante ese calor interno es la sudoración, y será el proceso de evaporación del sudor el que nos ayude a refrigerarnos.
  • Picante: de nuevo, parece algo contraintuitivo, pero la comida picante cumple una función similar a la de las bebidas calientes ya que provoca un aumento en la temperatura de nuestro cuerpo, reduciendo el contraste y por tanto la sensación de calor, al mismo tiempo que estimula la circulación, que facilita la sudoración.

Nuestros mayores enemigos

Del mismo modo que existen alimentos especialmente beneficiosos, existen otros que se desaconsejan si estamos expuestos a altas temperaturas:

  • Alcohol: su poder diurético se convierte en una vía adicional para la deshidratación. Podemos consumir bebidas con alcohol, pero si estamos expuestos a altas temperaturas lo ideal es hacerlo en cantidad especialmente moderada.
  • Carnes: El problema del consumo de carnes es el esfuerzo que supone para nuestro organismo digerirlas. Durante ese proceso aumenta nuestra temperatura corporal, es algo similar a lo que ocurre cuando consumimos picante o comidas calientes, pero en este caso ese calor interno se genera durante mucho más tiempo (todo el que dure la digestión), y tardaremos más en regular la temperatura.

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