Reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, la dieta mediterránea es una de las herencias culturales más valiosas que tenemos. Estrechamente vinculada a España, Portugal, Italia, Grecia, Marruecos, Chipre y Croacia, nos da las pautas para una alimentación equilibrada y saludable protagonizada por materias primas propias de la cuenca mediterránea.

Características de la dieta mediterránea

Los beneficios de la dieta mediterránea fueron estudiados en las décadas de los 50 y 60 por el doctor Ancel Keys y su equipo debido al importante papel que jugaba en la prevención de enfermedades cardiovasculares, mucho menos frecuentes en países mediterráneos que en el resto de Europa. Entre sus principales características encontramos:

  • El aceite de oliva como principal grasa de adición.
  • Abundancia de frutas, verduras, legumbres y frutos secos.
  • Consumo diario de cereales: pan, pasta, arroz (que serán más saludables siempre que sean integrales).
  • Alimentos frescos y de temporada, evitando por tanto los procesados.
  • Consumo regular de productos lácteos: leche de vaca, yogur y quesos.
  • Consumo moderado de carnes rojas y embutidos.
  • El pescado como principal fuente de proteínas animales, seguido de los huevos.
  • El agua es la bebida esencial, aunque la dieta mediterránea incluye el consumo moderado de vino siempre que acompañe a una dieta equilibrada
  • La actividad física diaria se considera complemento esencial de la dieta mediterránea.

Beneficios de la dieta mediterránea

Diferentes estudios clínicos avalan los beneficios de la dieta mediterránea para nuestra salud. Debemos tener en cuenta que se trata de una dieta baja en grasas saturadas y proteínas animales, y rica en fibra, vitaminas y antioxidantes; por todo ello sus beneficios para nuestra salud son indiscutibles:

  • Mejora el funcionamiento del colesterol bueno, y contribuye por tanto a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
  • Refuerza nuestra memoria y nuestra salud cognitiva y ayuda a prevenir enfermedades como el alzhéimer u otro tipo de demencias.
  • Mejora la composición microbiana del intestino reduciendo, entre otros, el riesgo de padecer obesidad, colesterol alto o diabetes.
  • Ralentiza el envejecimiento de las células de nuestro organismo, lo que se relaciona con una disminución en el riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes, cáncer, o enfermedades cardiovasculares,y nos habla de un envejecimiento saludable.
  • Contempla una alimentación cardiosaludable con efectos positivos en los niveles de presión arterial.
  • Favorece la salud y densidad de nuestros huesos reduciendo el riesgo de padecer osteoporosis.

 

Cómo integrarla en nuestros hábitos

A día de hoy puede resultar complicado ceñirnos a una dieta mediterránea ortodoxa, especialmente si tenemos en cuenta que esta dieta no sólo se centra en la alimentación, sino que además contempla ejercicio físico, hábitos de sueño adecuados y relaciones sociales.

No obstante el hecho de intentar aproximarnos a ella va a reportarnos grandes beneficios. Puedes comenzar por incorporarla en tus desayunos y después poco a poco ir conquistando otras comidas, siguiendo los consejos de la Fundación Dieta Mediterránea encontrarás formas creativas de hacerlo. Recuerda que cualquier esfuerzo dedicado a generar buenos hábitos de vida es en definitiva una inversión a largo plazo.

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