Una tabla de quesos es un plato que no requiere elaboración, pero sí conocimiento. Cada tabla de quesos es única y nos ofrece diferentes sabores y aromas, que en muchos casos nos harán viajar alrededor del mundo. La clave está en elegir bien nuestros quesos y presentarlos y acompañarlos de forma adecuada. Hoy te contamos todo lo que debes saber para preparar una tabla de quesos perfecta.

Elección de los quesos

Lo ideal a la hora de elegir los quesos es ofrecer variedad: trataremos de que en nuestra tabla haya quesos de vaca, oveja y cabra que al mismo tiempo ofrezcan diferentes texturas, sabores y colores. Trataremos de incluir siempre quesos de untar, blandos, semiblandos, duros, semiduros, duros, azules y ahumados. La idea es ofrecer variedad de quesos pero sin excedernos. Lo ideal es combinar 5 ó 6 quesos y nunca sobrepasar las 10 variedades
Por último tendremos en cuenta que la amplia variedad de quesos a la que tenemos acceso nos va a permitir hacer una tabla temática: quesos españoles, quesos franceses, quesos asturianos…

Presentación

A la hora de servir el queso lo distribuiremos en la tabla por intensidad de sabor, de menos a más. Esto ayudará a los comensales a seguir un recorrido en su degustación, evitando que el sabor de un queso intenso sature el paladar e impida percibir los matices de otros quesos más suaves.

El corte también va a ser importante, porque el queso no tiene un sabor uniforme: suele ser más intenso en las zonas más cercanas a la corteza y más suave en el centro, así que, siempre que sea posible, trataremos de ofrecer porciones en las que se incluya parte del centro y parte de la corteza, pero también nos adaptaremos a la textura y forma del queso:

  • Los quesos redondos y cuadrados se cortarán en cuñas.
  • Los quesos con forma de cilindro o barra se cortarán en lonchas o en barritas finas.
  • Quesos blandos como el roquefort se cortarán en bloque, ya que se suelen untar en tostas.
  • Los quesos muy duros es recomendable servirlos en dados o lascas.

Acompañamientos

El acompañamiento puede mejorar la degustación de los quesos, al ofrecer contrastes que ensalzarán muchos de sus matices.

  • Pan: tostas, grissinis, panes blancos y de semillas… Solo debemos poner cuidado en la presentación, sirviéndolos en cestas y en caso de que sea necesario, cortado en pequeñas porciones que sean fáciles de comer acompañando el queso.
  • Fruta: todos los quesos tienen en común un sabor ácido y lácteo que combina muy bien con los sabores dulces. La fruta, fresca o seca, nos ofrece la combinación perfecta, por lo que a la hora de preparar la tabla de quesos tendremos en cuenta incluir uvas, higos, pasas, orejones… sin olvidar que las frutas más ácidas, como la manzana, nos ayudarán a limpiar el paladar entre queso y queso.
  • Mermeladas miel y membrillo: al igual que ocurría con la fruta, las mermeladas, el membrillo o la miel nos ofrecen ese contrapunto dulce que combina muy bien con el queso. Podemos incluir mermeladas tradicionales, u otras más especiales de tomate, pimiento…
  • Frutos secos: no solo potenciarán el sabor de los quesos, sino que además ofrecerán una textura crujiente. Las avellanas y nueces además son adecuadas para suavizar el paladar entre un queso y otro.

Maridaje

Aunque el maridaje de vinos y quesos es un arte, a la hora de acompañar la tabla de quesos nos remitiremos al dicho popular “que no te la den con queso”. Antiguamente algunos bodegueros disimulaban el sabor de sus vinos menos agraciados acompañándolos de quesos fuertes que enmascaraban todos sus matices.

En el caso de nuestra tabla lo que queremos es ensalzar el sabor de los quesos y poder pasar de unos a otros apreciando sus cualidades: aunque planteemos la tabla de tal modo que los quesos vayan de menor a mayor intensidad, lo cierto es que los comensales tienden a saltar de uno a otro, sobre todo al final, cuando se va terminando la tabla, por lo que recurriremos a vinos espumosos que tienen la virtud de relajar nuestro paladar.

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