El chocolate y el turrón son productos fuertemente vinculados a nuestro país. A día de hoy el chocolate se consume alrededor de todo el mundo y existen variantes del turrón en países árabes, Francia, Italia, o Israel, pero fue en España donde su elaboración se transformó hasta convertirse en algo muy similar a lo que conocemos actualmente. Te contamos la historia de estos dos productos, imprescindibles en cualquier celebración navideña.

Chocolate

Como ocurre con frecuencia en la historia de la gastronomía, el chocolate fue descubierto de forma accidental. Los Olmecas, tribu indígena de América Central, comenzaron a utilizar los desechos de las vainas de cacao que intervenían en el proceso de producción de cerveza. Esos desechos eran semillas de cacao fermentadas, que permitían obtener una bebida no alcohólica de sabor amargo, que era muy apreciada. Posteriormente los mayas, ensalzando su valor, utilizaron el cacao no solo como bebida, sino como moneda e incluso como medicamento, costumbres que también adoptó el Imperio Azteca.

La conquista de América fue determinante para llegada del cacao a Europa. Tras conocer este producto Hernán Cortés envió a España un cargamento de chocolate en 1524, y una vez en nuestro país se adaptó su elaboración a los gustos europeos al añadir leche y azúcar para hacerlo más dulce y suave que el chocolate especiado que consumían los indígenas americanos. Tan valorado fue el chocolate que la corte española mantuvo como secreto de estado su elaboración durante un siglo: sólo los monjes responsables de dicho proceso conocían la receta para convertir el fruto del cacao en chocolate.

A pesar de todo el chocolate no tardó en extenderse por el antiguo continente. La boda entre María Teresa de España, gran aficionada a esta bebida, y Luis XIV, el Rey Sol, facilitó que el chocolate llegara a Francia. Y fue a través de la red de conventos establecida entre España e Italia como el chocolate llegó a este otro país.

Otros hitos relacionados con este fascinante dulce ocurrieron en Inglaterra, donde en el S XIX empezó a venderse en tabletas duras con las que después se preparaba la popular bebida, la acogida fue tal que el gobierno marco un impuesto que daba al chocolate un precio equivalente a ¾ de su peso en oro.

Fue por esta época cuando se empezó a fabricar chocolate en Suiza, donde la mezcla de leche condensada azucarada con cacao ideada por Henry Nestlé, proporcionó gran fama al chocolate suizo. Posteriormente, en 1879 Rodolphe Lindt, pensó en añadir de nuevo la manteca de cacao procesada a la mezcla, consiguiendo una textura sólida y cremosa a la vez, y logrando que el chocolate fuera crujiente y al mismo tiempo se deshiciera en la boca. El chocolate consumido en tabletas se popularizó durante la Segunda Guerra Mundial: los soldados de las tropas aliadas siempre llevaban consigo este alimento, fácil de transportar y de alto valor energético.

Tras extenderse por toda Europa el chocolate pasó a Asia y a día de hoy es posible encontrarlo en cualquier lugar del mundo presentando infinitas mezclas y variantes, tabletas, bombones, cremas… que representan la cara más dulce de la cultura gastronómica de cada región.

Turrón

El turrón es un clásico navideño en nuestro país. Aunque a día de hoy es posible encontrar turrón de cualquier tipo, este producto parte de la combinación de miel y almendras, modificando su proceso de elaboración para obtener diferentes variedades: con almendras enteras, molidas, duro, blando…

Existen teorías que plantean que ya en la Antigua Grecia se preparaba una pasta compuesta de frutos secos y mieles, que servía a los deportistas como alimento energético para participar en las Olimpiadas. En realidad el binomio miel-almendras es propio de la cuenca mediterránea y está presente en elaboraciones de diferentes culturas, pero si nos ceñimos estrictamente a los estudios, los orígenes del turrón se ubican en la península arábiga, en torno al siglo XI, donde recibía el nombre de turun. Desde allí, de mano de los musulmanes, se extendió a las penínsulas Ibérica e Itálica, donde tras la reconquista su consumo siguió una evolución propia.

Son varios los motivos que pudieron influir en el hábito de consumir turrón en fechas navideñas. En primer lugar es lógico pensar que, dado el elevado coste de los ingredientes empleados en su elaboración, el turrón se reservara para ocasiones especiales, como las fiestas navideñas. Pero también la monarquía, como referente, influyó en esta costumbre: en el siglo XVI Antonio Martínez Montiño, cocinero de Felipe II, escritor y gastrónomo, instauró el hábito de servir turrones en la mesa real durante las celebraciones navideñas, algo que la sociedad española imitó hasta convertirlo en un hábito comúnmente aceptado. Por último existen referencias documentales en el mismo siglo en Alicante, concretamente en 1582, que demuestran que con motivo de las fiestas de Navidad se pagaba el salario a los trabajadores, «parte en dineros y parte en un presente que se les da, de una arroba de turrones».

Aunque a día de hoy la elaboración de turrón está en buena parte industrializada, el proceso de producción apenas ha cambiado a lo largo del tiempo, el turrón blando, duro, cristal, de Jijona, de Alicante, e incluso las nuevas variedades de turrón que han ido surgiendo, con nuevos sabores e ingredientes, recurren al mismo proceso de elaboración, vigente desde hace siglos.

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