Si hay un rasgo fascinante en la cocina de nuestro país es su diversidad. Podemos recorrer la península de norte a sur y de este a oeste a través de infinidad de platos distintos, asociados a costumbres y materias primas propias de cada zona. Recientemente nos trasladábamos a Andalucía para recordar el origen de las tapas y hoy podremos rumbo al norte para analizar los orígenes de otra costumbre gastronómica con gran arraigo, los pintxos.

 

Pintxos y tapas no son lo mismo

Quizá para un extranjero recién llegado a nuestro país estos conceptos puedan resultar confusos al consumirse en contextos similares, pero realmente es muy fácil diferenciarlos: la tapa es un aperitivo o pequeña ración de comida que acompaña a la bebida y se nos ofrece a modo de cortesía por parte del bar. El pintxo por el contrario se posiciona como elemento principal, suele tener una receta elaborada y se presenta cuidando hasta el mínimo detalle para conquistar al comensal, que elige del mostrador del local el pintxo que quiere, y paga en función de lo que ha consumido.

 

Historia

Para descubrir los orígenes del pintxo nos remontamos a los años 30 y concretamente a la ciudad de San Sebastián en el País Vasco, que en estos momentos vivía su época dorada: multitud de miembros de la aristocracia elegían este punto de nuestra geografía para veranear y esto, sumado al reclamo que suponía la playa, atraía a multitud de turistas.

Diferentes fuentes apuntan a las proximidades de la playa de La Concha como lugar de origen del pintxo. Veraneantes y locales frecuentaban esta zona y el bar La Espiga supo aprovechar la oportunidad ofreciendo en su mostrador una gran variedad de aperitivos que se colocaban sobre una rebanadas de pan y se sujetaban con un con un palillo o pintxo. El atractivo visual y sus precios asequibles hicieron que esta propuesta conquistara rápidamente a los veraneantes de la ciudad, y no pasó mucho tiempo hasta que otros locales replicaron este formato que poco a poco se fue extendiendo al resto del País Vasco.

Desde entonces hasta hoy el pintxo se ha convertido en seña de identidad del País Vasco, algo que además permite exponer su gastronomía ante locales y turistas ensalzando los productos típicos de la zona: merluza, bacalao, txangurro, txipirones, piparras…

 

El pintxo en la vanguardia gastronómica

El pintxo debe funcionar por si solo como reclamo y por eso poco a poco ha ido convirtiéndose en un producto gourmet. Aunque siempre podremos encontrar los más tradicionales (tortilla de patata, croquetas, matrimonio…) cada local se esfuerza en dar un toque exclusivo y diferenciador a su oferta, lo cual abre la puerta a la innovación. Encontraremos pintxos calientes y fríos convertidos en obras de alta cocina que se pueden disfrutar a precios muy razonables. Sin lugar a dudas la expresión salir de pintxos nos habla de una forma desenfadada de comer que al mismo tiempo nos va a permitir explorar la gastronomía.

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