Con frecuencia añadimos sal a nuestra cesta de la compra sin dedicar demasiada atención al tipo de producto que estamos escogiendo. La sal está presente en absolutamente todo lo que comemos y, si bien la OMS reconoce sus beneficios, también nos previene de su abuso: en un país como el nuestro, en el que el consumo de sal duplica las recomendaciones lo ideal es hacer un uso adecuado y con cierta reflexión, saber qué sal utilizar en cada caso nos ayudará a optimizar su consumo:

  • Sal común: También conocida como sal yodada. Es la que habitualmente identificamos como sal fina o sal de mesa. Es una sal adecuada cuando buscamos un sazonado uniforme en comidas ya elaboradas que se extrae de depósitos o minas de sal. Su finura se debe al proceso de refinado que le da una textura suave y libre de impurezas. El último paso del proceso, tal y como estipula la OMS, consiste en añadir antiaglomerantes y yodo para prevenir el déficit de yodo de nuestro organismo. Su contenido en cloruro de sodio es muy alto: 97-99%.
  • Sal marina: Es la sal que comúnmente denominamos sal gorda. Se trata de un tipo de sal no refinada que obtiene mediante la evaporación del agua del mar en salinas. Al no ser sometida a un proceso de refinado su grosor es mayor. La sal marina contiene aproximadamente la misma cantidad de cloruro de sodio que la sal común, pero tiene mayor contenido en yodo, que es bueno para el organismo. El sabor también es muy parecido, aunque el contenido de minerales de la sal marina, que varían en función del lugar de procedencia, hace que sea más intenso; por lo que suele ser necesaria menos cantidad de sal marina para sazonar las comidas y por tanto es recomendable usarla en el proceso de elaboración.
  • Sal de Maldon: Perteneciente a la categoría de flor de sal o sal en escamas, es un tipo de sal marina originaria del estuario del río Blackwater, en el municipio de Maldon, al este de Londres. Es una sal no procesada, de elaboración artesanal y laboriosa, ya que solo es posible recolectarla cuando las condiciones climatológicas favorecen la formación de esta fina capa de cristales en las salinas. Se trata de una sal de bajo contenido en sodio, por lo que no causa retención de líquidos; y de potente sabor, lo que hace que se use con frecuencia en alta cocina, especialmente en carnes, ofreciendo ‘picos de sabor’ cada vez que la lengua encuentra una escama.
  • Sal rosa del Himalaya: La sal del Himalaya se obtiene de la antigua mina de sal Khewra, en Pakistán, la segunda mina de sal más grande del mundo, aunque también puede encontrarse en Sudamérica. Es una sal natural no refinada que se recoge a mano, de gran pureza, con un 98 % de cloruro de sodio y pequeñas cantidades de minerales, responsables de su color rosado. Al igual que la sal de Maldon es una sal gourmet, sin aroma y con un sabor más salado que el de la sal común. Puede usarse indistintamente en cualquier tipo de plato, aunque habitualmente suele usarse para sazonar alimentos ya cocinados utilizando su color para realzar la belleza del plato.

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